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La polinización de las orquídeas II. Mentiras piadosas.

En muchas ocasiones, también en el articulo anterior, he aludido a la búsqueda del ahorro energético por parte de la planta para explicar la ausencia de recompensas para sus polinizadores en una gran parte de las orquídeas, ¿es esto realmente cierto? No sabemos si la producción de néctar, ceras, resinas u otros productos es verdaderamente tan costosa para la planta, quizás por sí sólo no tanto como para haber desarrollado mecanismos de sustitución de las recompensas por métodos de engaño tan complejos. Otras hipótesis son fuertes para explicar el fenómeno de ausencia de recompensa tan repetido entre las orchidaceae. Parece que la razón principal de esta evolución podría ser el aumento de la eficiencia en la polinización cruzada y por tanto en la calidad final de la carga genética de las semillas. Por un lado, los polinizadores, cuando son engañados varias veces, terminan por aprender que flores les están mintiendo y dejan de visitarlas. Esto, unido a que el polen va empaquetado en sacos que contienen de cientos a miles de granos cada uno, repercute en la eficiencia del cruce entre flores y reduce drásticamente el riesgo de auto-polinización (endogamia).

Ophrys vernixia, endemica de Andalucía
Ophrys vernixia, endémica de Andalucía imita machos de Dasyscolia ciliata. Autor: Alberto Matínez

En mi opinión, esta hipótesis no excluye la eficiencia energética como factor importante para el desarrollo del engaño, todo el polen de una flor será retirado con seguridad en una sola visita. ¿Merece la pena generar productos para una sola visita de la flor? Parece que la ausencia de recompensas desde el punto de vista evolutivo tendría varios frentes que investigar para afianzar y coser tesis.

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La polinización de las orquídeas I. De productos y servicios.

Uno de los aspectos más apasionantes y complejos de las orquídeas son sus métodos para conseguir que el polen de sus flores llegue a otras orquídeas, fecundarlas y poder generar sus preciadas semillas que asegurarán la continuidad de la especie. Esto es la polinización cruzada o alogamia, una estrategia reproductiva en la que la familia de las orquídeas han ideado los métodos mas elaborados y diversos de todas las familias de plantas del planeta. Estas plantas no se han conformado con dejar que el polen volara arrastrado por el viento, que por azar cayera en otra flor de la misma especie. En su polinización usan a todo tipo de animales, desde varias familias de insectos, aves hasta varios mamíferos a los que a veces recompensan, pero que en la mayoría de los casos los engañan con maravillosas argucias.

En éste primer articulo recorro brevemente todos los métodos conocidos hasta ahora en los que el encargado de la polinización recibe una recompensa, estrategias que la evolución de las orquídeas ha alcanzado a lo largo de varios millones de años de pruebas, errores, extinciones y éxitos.

Esfingido y su trompa.
Proboscide de esfingido. Foto: Jan Garris

La táctica que más se repite en la naturaleza de las flores es la atracción mediante recompensas reales, la planta emplea energía para producir en sus flores distintos recursos que pueden ser de utilidad para el animal que a la orquídea le interesa atraer. Es vital que el visitante tenga el tamaño y la forma adecuada para que durante la acción de recoger su recompensa el polinizador se lleve adherido al cuerpo los paquetes polínicos, pero además, cuando llegue a la próxima flor éste encaje a la perfección para que el polen coincida con la cavidad estigmática -gineceo o zona femenina de la flor-. En muchos casos se suma que la floración debe coincidir justo con la época de mayor abundancia de sus polinizadores específicos para asegurar el máximo éxito reproductivo.

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En la flor de la vida

La duración de la floración o antesis en las orquídeas es tan diversa como la propia familia de estas plantas. Hay orquídeas cuya flor se mantiene abierta y fresca solo unas horas, durante una noche y otras que permanecen con todo su esplendor y con sus órganos reproductores activos durante meses. Además unas emiten perfumes agradables, otras apestan a excrementos, algunas sólo lo hacen a determinadas horas y la mayoría por mucho que peguemos la nariz no huelen ni siquiera a verdura -o eso creemos-, de esto último ya hablamos en el articulo Dime a que hueles y te diré quien eres.

Paphiopedilum
Imagen Paphiopedilum. Autor: Alberto Martínez

Toda esta diversidad floral -sin entrar en cuestiones morfológicas- no es fruto del capricho botánico aunque sí de la casualidad, de esa casualidad insistente de la prueba, error y éxito que llamamos evolución, más concretamente en el caso de las orquídeas; co-evolución ¹. La capacidad de una planta para mantener una flor abierta depende en última instancia de que un animalito haya convivido con la orquídea durante miles de años repartiendo su polen. Lo más importante y a la vez interesante es si la flor ha sido visitada o no por su polinizador y esta posibilidad viene dada de como han co-evolucionado¹ evolucionado a expensas de si la planta ofreciera algo a cambio o porque se lo hiciera creer -néctar, esencias, sexo, polen, cobijo-.

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Dime a que hueles y te diré quien eres

Uno de los sentidos que más disfrutamos los humanos inconscientemente es el olfato, además nuestro cerebro graba con una exactitud situaciones o experiencias asociadas a un aroma, es probablemente uno de los primeros sentidos de la evolución, la captación y procesado de moléculas dispersas en el aire o en el agua fue fundamental para el origen de la vida y su diversificación. El olor y el sabor son nuestros sentidos químicos. El ser humano no es precisamente un gran sabueso, pero aún así distinguimos más de 10.000 olores (moléculas) diferentes, las memorizamos y cientos de genes están involucrados en el desarrollo y funcionamiento de este sentido. Nosotros nos valemos de nuestro epitelio, lleno de cilios que capturan las moléculas que miles de neuronas receptoras procesan enviando una determinada señal a nuestro sistema nervioso, esto es la punta del iceberg en cuanto a las distintas soluciones a las que han llegado los seres vivos en nuestro planeta, antenas receptoras de feromonas, lenguas que captan moléculas del aire y las transportan al paladar, palpos gustativos, “oler” a través del “gusto”, incluso receptores químicos en las plantas o la captura a nivel de membrana en seres

Xanthopan morganii praedicta libando néctar de su orquídea Angraecum sesquipedale. Foto: Minden Pictures/Superstock
Xanthopan morganii praedicta libando néctar de su orquídea Angraecum sesquipedale. Foto: Minden Pictures/Superstock

unicelulares, entre otras soluciones evolutivas.

El aire está lleno, abarrotado, saturado de moléculas orgánicas volátiles que generan la gran mayoría de seres vivos para comunicar millones de hechos, un caso que personalmente me encanta es el famoso “olor a tierra mojada” cuando llueve, realmente no es la tierra lo que huele sino una molécula que desprenden algunas cianobacterias y hongos al hidratarse, llamada geosmina, en griego literalmente “olor a tierra”. Es fundamental para los seres de ambientes desérticos u otros dependientes de la presencia de agua, la olfacción de este compuesto indica el camino hacia el agua y ya entrando en materia, algunas plantas de ambientes áridos emiten geosmina en su floración para atraer polinizadores que sedientos se lanzarán a la flor. Seguir leyendo Dime a que hueles…